Cuando pienses que alguien es mejor que tú, lee este post.

En un lejano pasado un gran banco conocido por todos nosotros me pidió que le ayudara a contratar a un programador.

Tras el proceso habitual localicé a uno cojonudo. Tanto que me dio pena «dárselo» al banco, pero el tiempo era tan ajustado y no había tiempo para buscar a otro.

Se lo presenté al banco, querián entrevistarle ellos también.

En sus enormes oficinas a las afueras de Madrid esperé durante dos horas comiendo sushi en una cantina que formaba parte de aquel complejo.

Al acabar me dijeron que no les valía, que necesitaban a alguien con experiencia en proyectos grandes y con estudios universitarios.

Si desde el principio me hubieran dicho que lo que buscaban no era un programador, sino carne con la que rellenar un traje, nos hubiéramos ahorrado el paseo.

Conforme salimos de allí fuimos a la oficina de entradium y le dije a Dani, que así se llama el programador, que si aquello le gustaba podía quedarse.

Han pasado 6 años de aquello, Dani sigue en entradium y el valor en bolsa de ese banco es menos de la mitad de lo que era el día de aquella entrevista.

¿Cuál es la lección aquí?

Que la mayoría de la gente piensa con el culo.

Y que puedes tener oportunidades pasando por delante de tus narices y no verlas solo por estar pensando de la manera equivocada.