Conversación mental de los clientes que me llevó años entender

«La gente tiene miedo al dinero, la gente tiene miedo a la libertad.»

Esa idea gusta, transmite una imagen potente, pero pocos la creen.

La explicación debe ser otra, no es que le tengan miedo. Sal a preguntar y verás. Todo el mundo quiere ser libre.

Mis cojones.

Todo el mundo dice amar la libertad, pero ¿cuántos abandonan una nómina, un contrato fijo, la indeminzación por despido acumulada durante años?

Pues eso. La definición misma del miedo a la libertad.

Y si te digo que el miedo no es solo a la libertad propia sino también a la ajena ya suena a broma, pero tiene una explicación, y te la voy a dar, pero primero te lo voy a demostrar.

Sal ahí fuera y di que no te gusta el color azul o el tomate, encontrarás opositores y partidarios, y ya, fin de la historia.

Di que crees que la tierra es plana. A favor y en contra, alguna burla, y ya.

Ve y di que no crees en la seguridad social, que estás encontra de la protección laboral o que te gustaría acabar con las pensiones públicas.

¿Gente a favor? Sí.
¿En contra? Alguno, pocos.
¿Insultos? Muchos, casi todos.
¿Razonamientos? Ninguno.

Peor que si te metieras con su madre. No basta con oponerse a quien quiere libertad, hay que eliminarlo.

Cuando el flujo sanguíneo inunda la amígadala la coherencia se anula. Nazi y turboliberal en la misma frase.

Similar reacción a la que produce el miedo. Similar no, igual, porque es miedo.

¿Me crees ya?

Ahora la explicación.

Que sí, que como concepto la libertad mola, a tope con la libertad, pero no.

Porque la libertad implica riesgo y somos máquinas diseñadas para sobrevivir.

Nadie quiere la libertad. Nadie.

Entonces, la pregunta no es si te gusta la libertad, la pregunta, la única pregunta que revela qué tipo de persona eres, es si te duele más la inseguridad o la mediocridad.

Están los que no toleran el miedo y los que no toleran la mediocridad que garantiza la seguridad.

Punto.

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