Consejo de amor que me debería haber aplicado cuando era más joven.

La historia que contaré a continuación es la historia de la vida. Y la vida es corta.

Así que atiende.

Resumiendo:

Era 2014 y vendía desarrollo web.

Fran, el fulano con el que he creado el curso de captación de suscriptores, vino a mi oficina y me dijo:

«Acabo de montar una empresa de venta de entradas y quiero que me hagas esto, esto y esto.»

Y yo le pregunté: «¿Cuánto vendes?»

Y me dijo: «Taitantos mil.»

No recuerdo la cifra pero recuerdo que llamó mi atención.

«¿Y cuánto tiempo llevas?»

«Dos semanas.»

Entonces le dije: «Estáte quietecico que lo vamos a hacer diferente. Te doy pasta y trabajo y me das una parte de la sociedad.»

Y me dijo: «Palante.»

Muy resumido, pero esta la idea.

Entonces le dije a un amigo que si quería invertir, pero mi amigo me dijo que era mucha pasta. Que una empresa tan joven no valía tanto.

Pasaron un par de años, aumentamos las ventas y fuimos a buscar inversores. Poca cosa, lo justo para tirar unos meses más. Amigos y familiares. Volví a llamar a mi colega:

«Uf. Demasiado. La empresa no vale tanto. El momento bueno fue cuando tú entraste.»

Pasaron los años y la historia se repitió, pero por aquel entonces ya buscábamos más de un millón (entre varios inversores).

Llamé a mi amigo. Su respuesta:

«Ufff. Ahora os habéis pasado. La empresa no vale tanto. El momento bueno fue la vez anterior.»

Esta es, amigo de las ventas, la historia de la vida.

Olvida las inversiones por un momento.

Valorar las oportunidades por la situación en la que estamos ahora, no por a dónde nos pueden llevar.

Amor, negocios, trabajo, dinero. Llamar a un cliente potencial.

Cualquier cosa que exiga mover el culo, sudar, gastar o arriesgar.

¿Cómo se hace? Primero apúntate. Luego finge que lo descubriste tu solo.