Este post es una confesión: he hecho trampas que me han permitido crecer más rápido de lo «normal».
Por eso llega a deshora. Hasta el último minuto he estado pensando si enviarlo o no.
Vamos allá…
Entendiendo la actitud reinante, la forma de pensar y actuar de la mayoría, me he dado cuenta de que he estado incumpliendo normas sociales y morales no escritas.
Prácticas que me han permitido crecer extraordinariamente rápido pero al margen de lo considerado aceptable.
No pretendo que suene a excusa, pero desde pequeño me ha costado entender las convenciones sociales. Por qué, por ejemplo, no podías dirigirte con normalidad a un superior en una empresa.
Solo tras hacerlo varias veces he captado la desaprobación de mis semejantes y he «pillado» la norma social.
Así con todo. Respeto a la autoridad, código de vestimenta y codos en la mesa.
El otro día entré con pantalones cortos y camiseta en una discoteca en la que me dijeron que sin camisa no se podía entrar.
Entonces…
Aceptand
Viendo la inutilidad del ciudadano medio pienso que no es justo ni meritorio lo que he hecho.
Que son trampas.
Lo de presentarme allí donde no me conocían, subir a la tarima y ponerme a hablar como si supiera lo que estaba haciendo.
Y gritar. Y repetir. Y volver a repetir.
Lo de estudiar qué es lo que todos decían y defender lo contrario. Y hacerlo de la forma más salvaje posible.
Lo de leer libros hasta encontrar la solución problemas aceptados como inevitables por mis competidores.
Lo de escribir a diario en un mundo en el que la sola búsqueda del éxito ya es ofensivo.
Lo de subir precios en un mundo low-cost. Y hacerlo una y otra vez.
Lo de cobrar por adelantado en un mundo de sometimiento al más grande.
Lo de redoblar una opinión ofensiva en el mundo de las excusas.
Lo de trabajar en un mundo dormido.
Y lo de arriesgar en un mundo vacunado contra la precariedad.
Te juro que no lo sabía, que pensaba que los demás no sabían estas cosas, no que se sentían obligados a cumplir y que no hacerlo era semejante desfachatez.
Y que he tardado todo es tiempo en darme cuenta y ahora siento que juego con trampas.
Y no soy el único.
Más de 500 personas también lo hacen.
Está mal, pero es tan fácil que resulta casi imposible resistir la tentación.
En el newsletter te enseño cómo hacer trampa, y cómo no, a vender. Que en sí es parte de la trampa: