Confesión: la persona que realmente escribe mis emails
Ya me ha pillado suficiente gente, así que mejor confesarlo.
Algunos suscriptores consideran que no tiene mérito que estos emails los escriba otra persona.
En un evento un tipo me contó que le recomendó a su mujer que leyera estos emails y que, tras hacerlo, los rechazó diciendo que seguro que me los escribía alguien.
Supongo que si los escribiera yo, que soy tontito, tendría mérito. Pero imagina que los escribiera alguien con talento. Eso les quitaría toda la gracia.
De vez en cuando alguien me pregunta con qué porcentaje del email estoy de acuerdo. Cuánto hago, cuánto firmaría.
Les entiendo, a mí me pasaría lo mismo.
Contemplando mi curtido rostro, mi tronco de hormigón y mis nalgas de acero resulta fácil concluir que me han elegido como la fachada de alguien que «escribe», pero la realidad es más compleja.
Mi negro, el que me escribe los emails, tampoco los escribe él. Es decir, mi negro tiene un negro.
Pero la cosa va a peor, porque hay un tercer negro.
Si te soy sincero, se trata de una larga cadena de escritores fantasma.
Al final de esa secuencia de subcontratación se encuentra mi abuela, que la semana pasada cumplió 93 y no necesita gafas.
Y después de ella, un enano.
Y todavía queda un desollinador, un botones y un profesor de rumba catalana.
Y luego ya sí, al final de todo eso está el que escribe.
Que soy yo otra vez.
Lo que no hago yo son los anuncios en redes con los que capto unos 5000 suscriptores y clientes potenciales cada mes.
Y esa razón –el hecho de no hacer mis propios anuncios– ha sido una de las claves que ha permitido, tras meses de pruebas y decenas de miles de euros tirados a la basura, dar con una fórmula:
- Rentable
- Replicable
- Altamente escalable
Si no te apuntas, al menos hazlo por el morbo. Total, es gratis.