Imagina que eres administrativo. O recepcionista. O traductor.
Ahora imagina que te equivocas en el 90 % de tus decisiones.
Imagina que eres contable y la cagas el 90 % de las veces.
Un futbolista.
Un bombero, un policía, un soldado.
Un minero, joder.
Imagina que eres político y haces mal el 90 % de tus tareas, entonces serías un genio. Pero imagina que fueses cualquier otra cosa.
Imagina, incluso, que eres un vendedor y haces mal el 90 % de tus tareas. Es probable que alguna vez hayas oído que siempre que vendas lo suficiente te querrán.
Si alguien te dijo eso te mintió. No provocar tumores cerebrales al jefe se cotiza demasiado.
Ahora imagina que eres un buscavidas, un luchador, un emprendedor (en el significado real de la palabra).
Quizás seas alguna de las cosas que decía al principio, pero que sobre todo eres esto último. Un aventurero. Imagina, digo.
Y ahora imagina que te equivocas el 90 % del tiempo.
Irrelevante.
Porque cuando juegas al todo o nada:
- Ese 10 % es lo único que va a trascender, que va a ser recordado. Y especialmente las consecuencias de ese 10 %.
- La pérdida es limitada, pero la ganancia es infinita, así que el 10 % de aciertos compensan un 90 de pérdidas.
- El aprendizaje multiplicará los resultados de aquello que haga durante el resto de su vida.
Ahora dime que o llegar a mucha gente, exponerse, o cabrear a alguien es arriesgado.
Si me conoces sabes que…
- tengo poco miedo a liarla.
- la lío con frecuencia.
- soy el vivo ejemplo de lo que he contado en este email.
- soy un poquito obsesivo.
Bien, atiende.
Llevo un año obsesionado con acelerar el crecimiento de mis ingresos y de mi libertad –o de mi base de datos, que en un negocio sano viene a ser lo mismo–.
Eso significa que lo he leído todo, lo he escuchado todo, lo he visto todo. Cada libro, cada curso, cada podcast, cada entrevista.
Para que veas a qué me refiero te dejo un testimonio de una alumna del año pasado:
«Luis, hoy he acabado de ver el curso, consumí más o menos una hora al día desde que lo entregaste.
Voy a tratar de expresarte la sensación que me ha dejado.
Si no lo hubiese comprado, no podría arrepentirme toda la vida de no haberlo hecho porque “ojos que no ven corazón que no siente”, sin embargo, hoy me he dicho a mi misma: “¡cómo la hubienses ca#$do si no lo huebiese comprado!”. Todos los que lo compramos, ahora llevamos ventaja. Vamos con rebufo.
Me alegra mucho haberlo comprado ahora, creo que lo que he pagado ha sido poco. Vale mucho más de lo que cuesta.
Maravilloso, eres una persona brillante (y lo sabes, se te nota, pero yo te lo vuelvo a decir)»
-DC.
PD: tienes unas manos muy bonitas.»