Cómo ganar dinero siendo más flojo que un sindicalista porrero

Lo reconzco, soy un flojo.

Siempre he jugado en modo fácil, he seguido el camino de menos resistencia, la mínima fricción me detiene.

He huído del jefe y del empleado. He evitado al moroso y he mandado a paseo al negociador profesional.

Hay tres números que no sé lo que significan: 120, 90, 30.

Dicen que provoco, que busco el conflicto. Es justo lo contario, me lo quito por adelantado.

¿O creías que ese cliente que te exige, te rebaja, te mangonea y te paga tarde te quiere por lo bueno que eres? Simplemente adelanto la discusión.

Entre que me llames soberbio o dedicar media jornada a perseguir morosos, llámame soberbio cada maldito día.

No es que provoque haters, es que evito fracasados. Lo demás, efectos colaterales.

Las negociaciones de 6 meses se las dejo a mis abnegados competidores y no creo en las técnicas de cierre sino en que hay más clientes que longanizas.

Y que cada vez que dedicas tu atención a un cliente lija estás negándosela a alguien que estaría encantado de tirarte su sucio dinero a la cara.

Prefiero lo fácil, el dinero encima de la mesa que los demás se olvidan.

Es decir, una fortuna. Libre de cargas.

Sin servilismos ni llamadas sorpresa. Sin whatsapps ni salas de espera. Sin zapato apretado y sin corbata. Sin revisiones de contratos ni propuestas con versiones.

Posiblemente por todo eso cuando empecé no tardé en descubrir una mina llena de diamantes que nadie estaba explotando.

Las llamadas.

Pero no las de prospección, sino las entrantes, la que recibes. Esto es lo que hacía:

  • Generaba llamadas, y te contaré cómo.
  • Atendía llamadas, y te daré un guion.
  • Facturaba, y esto no lo hacía del todo bien pero te contaré la forma perfecta de hacerlo, que he descubierto con el tiempo.

Recibir llamadas, a la mayoría, le da miedo. Hacerlo como explicaré en unas horas, pánico.

Eso lo haré a las 00:00. Una mina de oro en la que pocos se atreven a entrar y (prácticamente) nadie, lo hace con las herramientas adecuadas.

Vendedores o empresarios, da igual.

Reciben quienes entren antes de las 23:59. El resto se la pierden para siempre.