Recientemente asistí a una cena muy cara.
Entiéndeme, la cena no es lo caro. Es algo que haces por conocer a gente.
Gente tan talentosa que hace daño si eres débil, y que te obliga a mejorar si no eres un puto saco de soberbia, a salir preguntándote, «¿Y ahora qué?»
Y aunque firmé un papel que decía que no podía contar nada de lo que allí acontece, contaré una cosa.
Una frase que me dijo uno de los asistentes, una pregunta, que sin haberme dado cuenta es la culpable de cada decisión que he tomado desde que soy adulto:
«¿Por dónde se te escapa la alegría?»
Pregúntate. Por dónde coño se te escapa la alegría.
Identifica y rebélate.
La puta alegría. Por dónde se te escapa.
Convierte esa pregunta en tu brújula y actúa.
Cada día, un consejo de ventas.
Te apuntas aquí: