Carta abierta a mis haters

No espero que leas este mensaje. Es demasiado largo.

Por eso empezaré por lo más importante:

Tengo un newsletter.

Cada día publico un email con un consejo de ventas. Día que estás fuera, email que te pierdes.

Si quieres saber cómo no perder la autoridad, que es algo que les ocurre al 99,99999999 % de los vendedores en los 2 primeros minutos de conversación…

Y no solo no perderla, sino cómo ganarla y cómo convertirte en el líder en cualquier relación…

Algo que aumentará tu autoestima, evitará que te conviertas en un viejo amargado y te proporcionará una vida infinitamente más interesante…

Apúntate porque lo enseño aquí:

Solo se lo enseñaré a los que se apunten, el resto lo pierde para siempre

Aquí es donde debes dejar de leer.

Carta abierta a mis haters.

Hoy he comido con gente muy interesante.

Deportistas profesionales y emprendedores en serie.

También hoy, un suscriptor me ha escrito lo siguiente:

Mi amigo piensa que eres un vende humos. Es como si fuera mi hermano, hay confianza.

En el fondo los dos pensáis igual. Solo os separa un muro de prejuicios.

El suscriptor ponía en copia a su amigo.

Entiendo la intención, no me molesta, pero no contestaré, aquí explico por qué.

Carlos, aquí te explicó por qué.

No hablo con quien no pelea.

Ya.

Y quien critica, no pelea.

Es imposible, es lo uno o lo otro.

Alguien así ni siquiera sabe qué es pelear.

¿Y qué sentido tiene estar cerca de gente así?

Lo mejor que te puede pasar es que no te pase nada. Lo peor, que se te pegue algo.

Por eso tengo una regla, y es que solo hablo con gente que pelea.

Deportistas profesionales y emprendedores en serie, por ejemplo.

Cuando solo te juntas con gente que pelea es cuestión de tiempo que estés rodeado de gente que gana.

Y cuando estás rodeado de gente que gana, ¿cómo no vas a ganar tú?

Además de una cuestión más básica.

Llevo toda la vida sacrificándome.

¿Cómo podría respetar a alguien cuyo único sacrificio ha sido aguantar años en un trabajo que más o menos tolera; alguien que dedica su tiempo a criticar a desconocidos antes que a trabajar para su éxito?

0 contactos, 0 dinero, 0 ventas.

Ese era yo en 2010.

Sumiso, complaciente y servicial. Regalaba mi trabajo, perseguía, me bajaba los pantalones y me untaba la vaselina.

¿Dónde estabas ahí, querido hater?

No te oí llamarme vendehumos entonces.

Eso llegó después, cuando conseguí los primeros clientes. Cuando anuncié al primer cliente conocido, ¿te acuerdas?  Uffff. Aquello escoció.

Tampoco te gustó que contratara a los primeros empleados. Me llamaste explotador y gilipollas.

Y cuando me entrevistaban una y otra vez, ¿te acuerdas cómo protestabas en los comentarios?

Lo mismo hiciste cuando publiqué mi primer libro. Y con el segundo.

Cuando por fin tuve un negocio rentable. Y cuando lo vendí. Ese día sí que te presentaste.

Cuando cree el siguiente. Cuando dije que vendía 3 millones al mes dijiste que mentía.

Pero lo que me convirtió un hijo de puta de primer nivel fue contar a otros cómo lo había hecho. Que me fuera bien, todavía. ¿Pero qué coño me creía ayudando a otros a replicarlo?

Cómo te pusiste ese día. Todavía te dura.

No me quiero imaginar como llevas lo de que me contraten empresas que ni siquiera te llamarían para una entrevista.

También he perdido la cuenta de las veces que me has dicho que me invento los testimonios.

Ay, querido hater, si ese tiempo lo hubieras dedicado a hacerme caso lo mismo estarías entre esos testimonios.

Y ya ves, después de todo este tiempo a mi lado, dándome publicidad gratuita y escribiéndome emails, todavía hay algo que no te he preguntado nunca.

Una incógnita que tengo desde hace años…

¿Dónde estabas cuando tenía dos trabajos para poder emprender?

Espero que no fuera en un curro mediocre porque no te atrevías a hacer lo mismo. Estaría feo.

¿Y cuando me puse a llamar a desconocidos y a aguantar sus malas respuestas?

Supongo que no sería chupando el culo a algún jefe, jajaja, ¿te imaginas la incongruencia?

Oye, ¿por qué no te pusiste a llamar tú? ¿No tenías tarifa plana?

Hablando de llamar, hubiera agradecido que me llamaras el día que un cliente me estafó 60.000 € y las pasé putas para pagar las nóminas.

Y el día que una gran empresa me «robó» a la mitad de la plantilla y tuve que hablar con decenas de clientes para decirles que no cumpliría el contrato.

¿Y en los juicios con morosos? Esos días tampoco apareciste.

Ni en las noches que pasé trabajando. O con ansiedad. Me habría venido bien tu comentario en esos momentos.

También te eché de menos durante los años sin vacaciones y con jornadas de 14 horas de lunes a domingo.

Espero que no estuvieras viendo Netflix. O en el gym.

Leyendo un libro de negocios por semana para ponerlo en práctica, fijo que estabas con eso.

¿O sería en una reunión en una oficina enmoquetada dándole la razón al jefe?

Querido hater.

Ahora no me hables como si estuvieramos al mismo nivel, como si tuviera que contestarte.

Porque no lo estamos y ya nunca lo estaremos.

Entonces, me preguntan cómo me siento cuando me ataca un hater.

¿Sabes cómo me siento?

Me siento el puto rey del mundo.

Porque hago con aburrimiento cosas que ellos tienen miedo de soñar.

Y me hacen sentir en paz con un mundo justo. En el que la clase no depende de dónde nazcas sino de las ganas que tienes de esforzarte.

Y me hacen sentir muy seguro. Porque desde cada rincón te gritan que es imposible no triunfar en esta vida.

Hater, atiende, que lo mismo esto se te ha pasado por alto.

Tú eres más del otro equipo.

Del que marea mucho y paga poco.

Del que se calla si el error es a su favor.

Del que nadie confía porque deja deudas.

Del equipo del desconocido que me dijo que si le pagaba 5000 € borraba las críticas que había puesto de mí en internet.

Hater, tú eres más del equipo del anónimo que pretendió hacerse famoso denunciandome porque decía que le había copiado contenido.

Quizás crees que no, pero estás mucho más cerca de esa gente que de la gente con la que me junto para comer.

De la gente que, mientras tú criticas la vida de un desconocido, está disfrutando de una vida de dinero y libertad.

Concluiré con algo que te costará aceptar, querido hater.

Y es que las ventas son la única democracia a prueba de corrupción. De corrupción y de idiotas.

La justicia social definitiva.

Sales ahí fuera y si haces lo que la gente quiere, te llueve el dinero, los clientes y la libertad. Y si no, pues no.

Y todo lo demás; todo lo demás sí que es humo.

Y a más abres la boca para decir a los demás cómo tienen que ver a los demás, más humo.

Hater.

Deja de preguntarte si los demás notan que la tienes pequeña.

Que no te quepa ninguna duda.

Hater, gracias, porque la gente como tú, la gente que tira la toalla sin luchar, hacéis que triunfar sea mucho más fácil y satisfactorio.

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