Me estoy poniendo malo con los mensajitos.
Que si ahora no, que si de momento tal, que si para mí cual.
Vamos a ver, ¿qué es eso tan importante que tienes que hacer? ¿Qué coño tienes ahora mismo que hacer más importante que vender?
Explícamelo, por favor.
En lo que cierras la boca y dejas de balbucear te hago otra pregunta. ¿Y si te mueres mañana?
¿Quién contestará esos whastapps? ¿Quién atendería a ese cliente cansino? ¿Quién compraría el pan? ¿Quién se iría a comer con el proveedor?
Y otra pregunta. Si nadie hace todo eso, ¿el mundo seguirá girando? Si la respuesta es que sí… ¿quieres priorizar de una vez, hijo de los mil demonios? Y mientras estás vivo, al menos, no parar de dar trabajo a los demás. Es decir, dejar todo lo demás y dedicar cada átomo de tu cuerpo a vender.
Mira Nacho Ugena, alumno de la Mentoría. Te hablé de él hace tiempo. Cada maldita semana lo mismo:



Y tú, mientras, esperando a que Saturno se alínee Urano. Que ya cuando tu jefe/pareja/cliente diga/quiera/se le antoje. Eres consciente, ¿no?
Consciente de que en tu vida manda cualquiera menos tú.
Es un círculo: te dirigen, así que no acumulas las habilidades para liderar tu vida, así que te dirigen…
Y ahí sigues, en el mismo lugar en el que hace un mes y en el mismo que dentro de un año. Convenciéndote de que todo cambiará el día que se te pase el estreñimiento.
O diciendo que no lo necesitas, que te va bien. Que no es para tanto.
Que-no-es-para-tanto.
No, claro. Ser libre y ganar dinero no es para tanto. Para nada. Tu puñado de euros a cambio de llegar derrapando a objetivos es suficiente.
Sé cómo Nacho y conviértete en el adulto que eres.
Te cuento más si te apuntas aquí: