El post anterior gustó especialmente, para prueba, el siguiente email que me envió una suscriptora:

Ese fue uno de muchos. Se me ocurren varios motivos por los que la gente estaba tan excitada:
– Quizás fuera el subidón del bitcoin.
– Quizás, esta frase que decía en mi mensaje:
«El número de veces que tengas que repetir tu mensaje hasta convencer dependerá de lo memorable que sea cada uno de tus impactos.»
(Yo al menos me excité la primera vez que escuché eso.)
No obstante, me temo que ninguno de esos es el motivo, sino esta otra parte:
[El mensaje más impactante que puedes dar es] en un trozo de papel escrito de tu puño y letra. Una carta que ha sido tocada por ti, con palabras cuidadosamente seleccionadas y colocadas con precisión sobre una superficie que permite que su receptor las procese en la mayor de las intimidades.
[…]
Envía a tu cliente o amante un puñado de fibras de celulosa prensadas, garabatéalas con tinta y te puedo asegurar que vivirás dentro de su cabeza sin pagar alquiler durante una larga temporada.
La gente está necesitada de amor. La mayoría de la gente. La inmensa mayoría. La práctica totalidad. Tan necesitados que…
- prefieren unas palabras con purpurina a un consejo de ventas…
- les alegra más una idea para acercarse a otros que una inversión rentable…
- en un intento de dar amor, se ponen nerviosos y empiezan faltando
El consejo de hoy es doble:
- Es más fácil amar aquello que se toca. Por eso el correo postal vende tanto.
- Cuando quieras transmitir amor céntrate en lo que te gusta de la otra parte. Si no lo haces, además de no conseguir lo contrario puedes ser extraditado de su lista.
En el newsletter más a fondo (más a fondo) de lo que te acabo de contar arriba. De hecho, te enseño a cómo ejecutarlo de forma correcta para que vendas más que tu vecino y tu amigo el millonario.
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