Algo que me hubiera ayudado a ganar dinero antes

Hay algo que me hubiera hecho ganar dinero mucho antes. De saber eso probablemente me hubiera hecho trillonario con 11 o 12 años. Y es que alguien hubiera venido y me hubiera dicho: Tschhh, chaval, ven aquí, tengo algo que decirte…

Fíjate en la gente que te rodea, ¿les ves?

Y yo le hubiera dicho, Sí, sí, les veo.

Pues son todos unos flojos. Todos. El que no es torpe está amargado, el que no está traumatizado, el que no un vago, el que no es un soberbio que jamás cambiará de opinión y al resto les da pánico, pánico te digo, salir a la calle y mojarse el culo. Míralos bien. Se salvan cuatro.

¿Ves esos que se quejan por su mala suerte? ¿Esos que maldicen la meritocracia, que hablan de las clases sociales y los contactos? ¿Esos que citan a Marx? Esos, los más flojos de todos.

Pero yo, que soy medio tarado, me había creído las películas que me habían contado mis profesores funcionarios, y había llegado a la ridícula conclusión de que el mundo es un lugar competitivo en el que cualquiera está dispuesto a dejarse la piel por mejorar su vida. Así que le hubiera dicho:

No, hombre, no. Así no es. Si a la gente le das oportunidades las aprovecha.

Y entonces este tipo, este genio de la lámpara, tendría que haberme dicho:

Deja de decir gilipolleces y ve al desayuno de un hotel, a uno de esos con buffet y mira sus mesas.

Cafés, tostadas, bollos, tortitas, zumos, donuts. No se salva ni uno. Ni uno te digo.

Mira lo poco que cuesta ser superior.

Eligen el bollo al huevo, la galleta a los frutos secos, el café al agua.

No tienes que ser el más listo, ni el más guapo, ni el más alto, ni el más formado, ni el más valiente, ni el que la tiene más larga. Con que hagas lo que sabes que hay que hacer y no hagas lo que sabes que no hay que hacer ya tienes lo suficiente para vapulearlos a todos.

En fin.

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