A ver si el tonto no va a ser el cliente

Hace años Luis Bassat me dijo que el más listo es el que es capaz de hablar para el más tonto.

Lo habrás oído de formas menos poéticas.

Los usuarios son torpes / Los clientes tontos / La gente no lee / Los adultos no entienden

Como analogía vale, pero la realidad no suele ser esa. La cruel realidad es que nadie te presta atención.

Tú dices que no te entienden, yo que aburres.

Procesan tu mensaje como si tuvieran 10 puntos de cociente intelectuar.

En esa medida aburres.

Entiéndme. Te pasa a ti, al otro y al de más allá.

Iba a decir que a mí también, pero a mí no me pasa.

Será por lo soberbio que soy.

«Mándame un email con más información» y «Sí, bwana»

Esa es tu realidad.

O peor, te crees especial. Entonces «No enviamos emails.»

Oposición sin solución. Cojonudo, amigo.

¿Entonces?

Entonces puedes hablarles como si tuvieran cinco años, que coincide con el nivel de atención que te van a prestar.

Es una forma.

O puedes convertirte en su prioridad durante unos segundos.

Esa es otra.

(Quédate con esto aunque nunca en la vida me vayas a comprar nada: hazte con un buen producto, aprende a plantear mensajes que te conviertan en prioridad y habrás solucionado el 99 % de tu vida.)

Lo he contado mil veces. Es donde yo empecé a hacer mucho dinero, en la venta telefónica.

Generaba dinero marcando números y abriendo la boca.

La idea de que eso fuera posible me flipaba entonces y me sigue flipando hoy.

Nada te da una sensación de poder parecida.

Una vez que eres capaz de hacer eso todo lo demás es un juego de niños.

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