Me han recomendado que hable de cómo viví el apagón el año pasado, que eso me humanizará.
Espero que no y con ese objetivo te cuento esto.
Un puñado de horas después de que volviera la luz, aún sin internet, me encontraba en un avión camino al Caribe en un asiento que, por circunstancias ajenas a mi voluntad, estaba en clase turista.
Durante 9 horas observé a gente con suficiente equipaje como para sobrevivir años en el Polo Norte, collarines hinchables y el asiento de delante a una distancia que no estaría mal de no ser que tengas piernas.
Echando la vista a lo lejos podía ver los compartimentos de business, con sus sillones reclinables, sus mesas en las que comer civilizadamente y sus holgados baños con vistas al Atlántico. Eso sí que humaniza.
De todo hay que sacar algo positivo, y esta experiencia me produjo una ganas enormes de trabajar djro para que la probabilidad de volverme a ver en una situación similar sea mínima.
También me fijé atentamente en las costumbres de mis compañeros de cabina para hacer exactamente lo contrario.
(A la vez que te cuento esto me he hecho colega del aleman de 200 kilos del que me separa un asiento vacío. Que ni él hablé inglés ni yo alemán no es impedimento cuando hablas el idioma del amor.)
Espero que este mensaje me humanice, me deshumanice o me humidifique.
Lo que te quiero decir es que no te dejes anestesiar por las frases hechas de tu entorno. Claro que hay gente peor, y también mucho mejor. Tú eliges hacia donde quieres mirar, pero hasta donde yo sé nadie ha llegado al lugar contrario al que se fija como destino.
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