Siempre he admirado muy fuerte a la gente que montaba escape rooms.
Mártires que sacrificaban su dinero para motivar al resto. Para recordarles a los demás que da igual cómo de grande metas la pata, siempre hay alguien más descerebrado.
Poca repitibilidad, casi nula escalabilidad y limitadísima capacidad de asimilar oferta y aún así miles de personas no dudaron en montar uno.
A mí, desde luego, simpre han conseguido sacarme una sonrisa incluso en mis momentos más bajos.
Brindo a su salud con la publicación de un nuevo vídeo:
Tres negocios que siempre funcionan (de verdad)
PD: enlace alternativo.
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