El otro día veía a un multimillonario decir que los que hablan de ponerse en forma y madrugar son unos estafadores. Que él lo había conseguido sin hacer esas cosas.
No hacía falta que lo jurara.
Es increíble la cantidad de personas que siguen siendo pobres aún después de ganar dinero.
El tipo decía que sus abdominales ya estaban en su cartera.
Claro que puedes ganar dinero y que tu cuerpo parezca un puré de patata. Para qué querrías eso no lo sé, pero por poder claro que puedes.
Si te planteas ganar pasta para que los demás sepan que ganas pasta esa visión te encajará. Dejarás de ser esclavo de una cosa para ser esclavo de otra, pero esa visión te encajará.
Lo que yo quiero es no tener dueños ni esclavos.
No quiero que mi supervivencia dependa de hacer la pelota a un narcisista, ni viajar el día que me lo permite un calendario o que una notificación en el móvil decida mi siguiente movimiento.
Y si no permito que eso limite la vida, mucho menos se lo permitiré a debilidad, la pereza o la falta de disciplina.
Quiero lo que se puede comprar y, sobre todo, lo que no.
¿Entiendes?
Y eso es imposible si deposito el resultado de mi esfuerzo en manos de fulanos a la que no le gusta ni un pelo que sea libre.
Quizás ahora entiendas por qué el bitcoin es el invento más importante de la historia de la humanidad. Porque nunca ha existido nada que te haga tan libre, que te haga tan fuerte.
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