El otro día en un evento me crucé con Nacho. No le conocía de nada pero me cayó bien desde la primera frase:
Gracias a ti soy el entrenador más caro de Santander y más que voy a serlo.
Luego vi los precios en su web y bueno. Bueno, bueno, bueno…
Digamos que en un par de años se preguntará cómo ese precio le parecía alto y quien le haya contratado nunca llegará a comprender cómo convertirse en una máquina de matar le resultó tan barato.
Me dijo otra frase que me gustó, «Te consigo unos hombros que hablen por ti y una espalda que diga “aquí mando yo”»
¿Sabes lo que pasa? Que es así. Eso es exactamente lo que pasa. Porque un rolex lo puedes comprar y un audi hasta lo puedes hasta financiar, pero una puta espalda y unos malditos hombros solo hay una forma de conseguirlos, y esa forma es sacrificio.
Y allí donde hay sacrificio hay respeto y admiración. Y si creas respeto y admiración sin abrir la boca, en cuanto la abres lo que se escucha es autoridad.
Hay pocas cosas cuya posesión transmita automáticamente valor. Pocas, pocas.
Otra es la falta de pudor y la acción, porque demuestran confianza en ti mismo, y eso, una vez más es autoridad.
Por eso no entiendo a la gente que tiene miedo a salir a la calle y mover el culo. Los que piensan que ofenderán si se se prentan ante un desconocido, inentan ligarse a un pibón o llaman al cliente de tus sueños.
No son conscientes de que su mera acción proyectará, automáticamente, respeto.
De eso hablo en el newsletter
te empujo a mover el culo hasta el punto de que no te quede ninguna excusa para no salir a hacerlo desde el mismo momento en el que acabemos.
Te apuntas aquí: