Si preguntaras a tu abuelo te diría que trabajases duro. Seguramente no conoció otra cosa. Un día sin cultivar el campo o alimentar al ganado podía significar perderlo todo.
Tu padre, que ya se había percatado que los que más ganaban no eran los que más trabajaban, te diría que el que no arriesga no gana.
Hace unos años se popularizo la idea de elegir primero el mercado y luego el producto.
Con todo esto te quiero decir que con el paso del tiempo vamos mejorando la forma en la que prosperamos.
Luego llegó lo de que no te enamores de tu idea ni persigas tu pasión, que mejor pruebes mucho y descartes rápido y cuando des con algo que funciona, a muerte con eso.
En unos pocos años el trabajo duro fue sustituido por la idea de arriesgar, que fue sustituida por la de planificar antes de actuar que, a su vez, fue sustituida por la de validar la idea primero.
Trabaja duro → Arriesga mucho → Planifica primero → Prueba rápido
La versión definitiva vino dada en una entrevista por el profeta, es decir, por Julio Iglesias:
Primero se crea el personaje, luego el producto.
Te digo algo y te lo digo ahora.
De la misma forma que hoy nadie saca adelante un negocio a costa de fuerza bruta, dentro de unos años parecera demencial hacerlo sin la creación previa de una marca personal.
Veremos a quien lo intente como a quien hoy dice que le da miedo meter su tarjeta en internet, a quien no entiende el bitcoin o a quien prefiere llevar su agenda en un cuaderno de papel.
Como un puto retrasado.
Exponerse, hablar en público, ser elocuente, saber escribir un titular o diseñar una miniatura se convertirán en habilidades imprescindibles no ya para empresarios o vendedores, sino para cualquiera que aspire a algo que no sea cobrar la renta básica universal.
Es un suicidio, además de absurdo e innecesario, dejar la generación de confianza para el final del proceso de venta, que es lo que todavía hoy están haciendo el 99% de los vendedores y empresarios.
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