Empresario me hace sucia jugarreta

Hace muchos años, cuando yo era absurdamente barato, un tipo me quiso contratar.

Un tipo que vendía trajes. Trajes de vestir. Pero de vestir como feriante, no sé si me entiendes. Grises, plateados, mil rayas y pantalones tan anchos que permitían ocultar a un niño de 7 años.

El tipo quería vender online. Le di precio y me dijo que no tenía la pasta. Y te digo una cosa, si mi precio de entonces le parecía alto es que no tenía ninguna pasta.

Qué le vamos a hacer.

Me llamó meses después, que fuera a verle, que ahora sí lo iba a hacer.

Como yo era estúpido, fui. El tipo ya sabía el precio, no me jodas, eso iba a ser firmar el contrato y listo.

Incorrecto, lógicamente.

Me dijo que mirara los trajes y eligiera uno o dos.

Yo, además de tonto, era extremadamente pobre, así que la cosa quedó ahí.

El problema de muchos pobres es que son suficientemente ricos como para poderse permitir que los puteen. De que les paguen poco, mal y tarde. De que les mariposeen y de que queden con ellos por la conversación.

Y así pasan cuarenta años de vida laboral, de café en café con mamones de profesión.

Nada como ser un auténtico fracasado, nada te hace más eficiente.

Cada día envío un email con un consejo de ventas.

Te apuntas aquí: