¿Quieres saber por qué es jodidamente imposible no triunfar en esta vida?
Recuerdo la primera vez que pude pagar un stand en una feria.
Te puede parecer una tontería, y lo es para cualquiera dispuesto a bailar con inversores o deudas, pero es que yo siempre he querido ser libre, ya sabes, hacer las cosas a pulso.
A una hora para acabar el sarao muchos empezaron a desmontar. A falta de media hora, casi todos.
«¿Pero esto no acababa en media hora?»
Eso se lo pregunte al de enfrente.
«Total, para lo que queda, salimos ya y no pillamos tráfico.»
Eso me respondió.
No me daba crédito. No sabía si meterles cuatro hostias o ponerme a celebrar. Yo lo tenía claro, no pensaba irme hasta que me echaran.
¿Que a esas horas solo quedan cuatro enfermos? Ok.
¿Y sabes qué más? Cero competediroes.
Estando prácticamente solo en el pabello hice un contactos que acabó convirtiéndose en un gran cliente que tiempo después trajo a otros grandes clientes.
Durante años seguí asistiendo a ferias.
Esa pequeña ventaja extra la saqué, no en cada feria a la que fui, sino en cada puta cosa que hice.
Ya ves tú.
Imagina si además hubiera sabido lo que coño estaba haciendo. Hubiera llegado a donde estoy hoy en un par de años en lugar de quince.
Cada día envíó un email con un consejo para vender más y venderte mejor.
Día que estás fuera, consejo de ventas que te pierdes para siempre.
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