Conozco a alguien que no es muy listo. Vamos, a bastantes, pero te hablo de uno en particular. Tan poco listo es que podríamos decir que es algo tonto.
Pero no tonto en el sentido de «Mira el tonto este.» Una buena persona, educado y cumplidor como pocos.
Para colmo, de una de esas minorías reprimidas que diuptados que cobran cien mil al año les salven.
A esta persona de la que te hablo le va bastante bien en la vida. No es millonario, no es eso, pero tampoco hablamos de dos o tres mil al mes.
El tío tiene un truco al que exprime hasta el infinito. Un truco muy loco. Tan loco que los diputados que le intentan salvar nunca se lo creerán:
- Paso 1: vio algo sencillo que el mercado demandaba. No algo que hacía sentir orgullosos a sus padres, no. Ni que le permitía colgar un papel en un despacho, tampoco. Algo, y atento a esto porque es fundamental, que el mercado demandaba.
- Paso 2: busco un sitio donde enseñaban a hacerlo, pago una formación y aprendió.
- Paso 3: cobró por poner en práctica lo que había aprendido a hacer.
- Paso 4: lo repitió millones de veces. Cada día. Desde primera hora de la mañana hasta última de la tarde. Pim-pam, pim-pam, pim-pam.
- Paso 5: nunca se permitió fallar. Siempre atento, siempre puntual. Independientemente del clima o la salud. Año tras año tras año tras año. Como decía, una de las personas más cumplidoras que yo he conocido.
- Paso 6: contrató a gente, le enseñó lo que él sabía y les empezó a enviar a sus clientes mientras él conseguía más.
Resultado: gana mucho más que la media habiendo estudiado mucho menos que la media.
Demanda, repetición, formalidad, venta.
Cuatro ingredientes que no fallan.
Para lo primero necesitas ojos.
Para lo segundo ambición.
Para lo tercero, responsabilidad.
Lo cuarto te lo pongo en bandeja, apúntate aquí: