(Lee hasta el final)
Sigo recibiendo amenazas de muerte por decir que viajar con maleta es de pobre.
Pero lo es. Más que vestir calcetines de colores. Más, incluso, que el rolex submariner de acero.
Más –atento, que esto es difícil de creer– que tener american express.
Por lo visto hay ricos que viajan con maletas, eso me han dicho. Gente con 20 millones, que tienen cosas muy guapas y claro, no van a viajar sin ellas.
Y cosméticos de miles de euros que no van a comprar por ahí.
Y que los ricos no hacen coladas. Esta me parce entenecedora. Pensar que hago coladas. Vamos, antes voy con la chorra por fuera que lavar unos calzoncillos en el bidé de un hotel nepalí.
Ya sé que hay ricos que viajan con maleta. «Ricos», entiendeme. En su cabeza todavía no han salido de su barrio. Yo prefiero llamarlos adinerados. Llamar rico a alguien que sabe el precio de su crema para alisar ojetes me resulta un chiste.
Fíjate tú que los hay que hasta usan paraguas. Y que si pueden viajan en turista y reparten la cuenta.
Y es que la inseguridad no se cura con una cuenta llena. La mentalidad de pobre, y presta atención en esto, no desaparece nunca. Tienes que mantenerla siempre a raya. Anota eso y léelo todos los días.
Porque cuando no lo haces acabas eligiendo la habitación pequeña del hotel barato, y contratando al segundo mejor proveedor, al segundo mejor candidato, al médico gordito pero simpático, la comida un poco menos saludable, el colchón ligeramente más incómodo, el portátil algo más lento y el vuelo con escalas.
¿Y sabes qué pasa?
Que nada importa hasta que todo importa.
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