Me preguntan por mi rutina diaria

Podría decirte que me levanto a las 5.

Por supuesto jamás me oirás decir la estupidez esa de «por la mañana no me entra nada», así que no tardo en meterme dos huevos duros, un puñado de frutos secos, algo de jamón cocido, fruta, batido de proteína.

La cafeína y la nicotina se las dejo a los flojos.

Escribo el email del día siguiente, compruebo que el mundo no se ha hundido por la noche y me voy a hacer ejercicio o a pasear a Tango. A veces lo uno seguido de lo otro. 15 dominadas para empezar, eso no es negociable.

Vuelta. Proteína, creatina, avena, sauna y baño frío.

Luego contesto una pregunta. ¿Qué puedo hacer para llegar más lejos sin chupar culos? Lo que sea que creo que responde a esa pregunta es lo que hago.

Para la hora de comer ya he conseguido más de lo que la mayoría de las personas conseguirán en toda la semana.

Podría decirte seguir detallándote mi día y te seguiría mintiendo. Porque lo que hago no es nada de eso. Lo que hago es lo que toca hacer, que resulta ser eso.

A veces me cuesta, claro. A veces fallo, claro. No empecé a hacer todo esto el día uno, obvio.

El otro día alguien me dijo que si fuera libre no haría estas cosas.

Hay quienes creen que no tener que hacer nada te hace libre, pero es ser capaz de hacer todo es lo que te hace libre.

Porque no tener que hacer nada es fruto de las circunstancias, mientras ser capaz de hacerlo todo únicamente depende de ti.

En la Mentoría destripo la metodología de venta de Tony Robbins, un tipo que pese a que el año pasado facturó 9000 millones de dólares, hace unas semanas pasó 4 días hablando 14 horas al día a 20.000 personas.

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