Pagar 10.000 dólares para dar cuatro gritos

Una mujer me contaba que su trabajo le aburre soberanamente y que lleva 15 años convenciéndose de que va a cambiar, pero que nunca lo hace, que le da miedo, que está demasiado cómoda, que qué pasa si sale ahí fuera y se muere de frío.

Me preguntó que en qué andaba yo. Le dije que iba a Estados Unidos a ver a Tony Robbins. Me preguntó que cuánto me costaba la broma.

«Madre mía, qué gilipollez, 10.000 dólares para dar saltos y pegar cuatro gritos.»

Ah. Oh. Ok.

Me quedé mirándola.

No había detectado ironía en su voz. Esperaba una mueca, una risa, un jaja. Nada de eso. Aquello iba en serio. Un soladado corporativo dando consejos de vida.

Lo siento pero no. Te joderá pero no. Alguien publicará esto en redes y me pondrán a parir pero no.

Si llevas años haciendo algo que no te gusta no puedes dar consejos. Punto. Simplemente no puedes. No tienes nada que aportar con tus ideas.

Pero ojo, no te confundas. Eso no significa que no aportes nada. Eres un consejo andante. Observando a esa gente se aprende tanto que deberían cobrar por ello.

Cada mañana doy las gracias a todos los aquellos que pretenden obtener resultados diferentes haciendo siempre lo mismo.

Porque me recuerdan que todo es mucho más fácil de lo que uno tiende a imaginar.

En la Mentoría destripo lo que aprendí dando saltos y pegando gritos.

Unos lo aprovecharán, otros se convencerán de que eso no debe ser lo importante.

Y eso es delicioso.

Este evento me supuso semejante sacudida que dedicaré varias lecciones a ello.

Para acceder a la Mentoría te lo explico si dejas tu email aquí: