Si te sientes insultado por este post, me alegro.

Ayer usé la palabra prohibida. Ayer usé la palabra «bitcoin.»

Los comentarios fueron tan negativos que corrí a comprar bitcoin.

Es como si alguien hoy te dijera que la venta online es una moda pasajera. O el que dice que las ventas son malas y que si un producto es bueno se vende solo.

Argumentos que no tienen ni tres minutos de reflexión.

Pero el problema no es que no lo vean. Ni que no lo entiendan. El problema es su forma de razonar.

Te cuento la forma en la que siempre he razonado y que, para qué ocultarlo, me ha hecho bastante rico.

Cuando alguien que gana más que yo dice una cosa, me da igual de qué ámbito, y esa cosa no coincide con mis creencias, lo que me digo es «Quieto cuidao, que algo te estás perdiendo.»

Y entonces me pongo a investigar como un cabrón. A veces entiendo rápidamente el argumento, a veces me lleva días. A veces tengo que ponerlo en práctica cuarenta veces hasta entender lo que realmente quería decir.

Solo descarto la opinión de un alguien más rico cuando tengo la certeza absoluta de que he acumulado argumentos para rebatir sin margen de discusión cada punto de su discurso.

Y eso, rara vez ocurre.

Más bien, en el proceso de construir esos argumentos, a veces durante años, encuentro que el rico tenía razón.

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Y si tienes la más mínima duda de eso puedes estar seguro de que te estás perdiendo algo.

En el newsletter hablo de la habilidad que por sí sola es más importante para hacer dinero.

La elocuencia.

La capacidad para expresarse con claridad y concisión.

La capacidad de atrapar y conducir con palabras.

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