Hombre gana 100 millones y no lo descubre hasta 10 años después

Como todo lo que cuento por aquí, esta es una historia real, pero hoy merece la pena recalcarlo.

Un pescador filipino se encontró una perla deforme. Deforme y enorme. Era tan rara y tan deforme que la guardó como amuleto de la suerte.

Y tan grande que el único sitio que encontró para guardarla fue debajo de la cama. 34 kilos pesaba el bicharraco.

Un día, diez años después, no recuerdo cómo, quizás la noticia que leí no lo contaba, descubrió que la perla valía 100 millones de dólares.

Estoy dejando que la historia cale en ti.

La idea que quiero que trabajes es que un tipo estuvo 10 años trabajando duro y viviendo en unas condiciones penosas mientras dormía sobre 100 millones de dólares.

Je-je.

Qué tonto.

Eso no te hubiera pasado a ti.

¿Verdad?

Que tengas algo súper valioso delante de tus narices y sigas trabajando como un esclavo porque no te has molestado en mirarlo bien.

No te puede pasar, ¿no? Imagina el ridículo.

Que lo que te separa de estar donde estás y no donde sueñas con estar sea algo a tu alcance.

Yo qué sé…

Una llamada.

Un email.

Ir a cierto lugar y presentarte ante cierta persona.

Cualquiera de esas cosas.

O saber hacerlo en condiciones.

Eso no te podría pasar a ti.

Ja-ja.

Qué tonto el filipino.

Tener delante de tus narices la solución a sus problemas y no verlo.

Sería muy estúpido.

Mucho.

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Humo. Puro humo.

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