- La tía que lloró –literalmente lloró– por 600 € y a la que meses después me la encontré aparcando un coche de 80.000.
- El tipo que se enfadó porque no hablábamos lo suficiente, el solo quería, y cito textualmente «que hablásemos una hora al día.»
- El que desapareció de la faz de la tierra. Debiendo 3000 y pico euros, claro.
- El que me estafó casi 50.000.
- El que hizo llorar a una empleada.
- El que abroncaba a todo el equipo y me adulaba a mí.
- El que quería construir un competidor de YouTube con un presupuesto de 1500 €.
- El que llamó para quejarse de que éramos muy insistentes reclamándole una deuda.
- El que me amenazaba con denunciarme con 5 millones porque hice público que me debía 1000 euros.
Así, a bote pronto, de carrerila estos son algunos de los mejores clientes que he tenido.
Entiéndeme, mejores porque son los que te ayudan a crecer en lo mental.
Si nunca has trabajado de cara al publico o tenido una empresa pensarás que exagero.
Si eres funcinario o sindicalista, que será culpa mía.
Pero si vendes, si vendes de verdad, es decir, si sacas tu culo ahí fuera y lo meneas y no paras hasta cerrar, y sabes que nada vale hasta que no esté el dinero en tu cuenta y sigues a ese cliente para asegurarte de que queda satisfecho y repite, si haces todo eso sabes que me quedo corto, que me estoy dejando las mejores historias
¿Quién querría trabajar con gente así?
Yo.
Verás. Hijos de puta e idiotas me han costado cientos de miles de euros a lo largo de mi vida, así que un día decidí que me lo iban a devolver, con intereses.
Pero ya no como clientes, porque esa gente ya nunca podrá permitirse trabajar conmigo, sino como haters.
Y eso es lo que explico en el newsletter.
Un método flipante para conseguir que los haters aumenten tu autoridad y te consigan clientes de calidad.
Sin soeces, sin gamberradas, sin agresividad.
Ignora lo que hago yo, o cópialo, lo que prefieras, pero lo que enseño lo puede utilizar incluso una funeraria.
Convirtiendo haters en apóstoles de marca. Aquí te apuntas: