En cualquier sector existen tres tipos de empresas:
- Los mastodontes
- Los muertos de hambre
- Los espabilados
Los mastodontes a veces son fruto de una inteligencia superior, a veces de circunstancias irreplicables. Un amante en la junta directiva de su mayor cliente o un amiguete en el gobierno, por ejemplo.
Dinero pero trajes, reconocimiento pero reuniones, grandes pero pesados, esos son los mastodontes.
El resto son muertos de hambre.
Empezaron con mucha ilusión pero se quedaron en esa fase, en la de la ilusión. Con el paso de los años acaban en oficinas con tubos fluorescentes, paredes estucadas y preguntándose en qué mes las luces dejarán de encenderse.
Los espabilados son una parte ínfima del total. Uno o dos, tres como mucho.
Los hijos de puta hacen mucho con muy poco y nadie sabe muy bien cómo.
No sufren las penurias de los muertos de hambre ni las servidumbres de los mastodontes y han conseguido lo que mastodontes y muertos de hambre perseguían cuando montaron sus empresas:
Libertad.
En todas las empresas que he creado he sido espabilado. Y el secreto para conseguirlo es hacer menos que el resto.
Mastodontes y muertos de hambre van como pollo sin cabeza. Los primeros porque juegan a fuerza bruta, a hacer de todo y algo saldrá. Los muertos de hambre porque están perdidos.
Yo no, yo me estoy quietecico. Agazapado, observando. Y solo cuando una presa se pone delante de mí, laznó la red.
Hago pocas apuestas, pero seguras.
Prefiero dedicar ese tiempo a estudiar el pasado y no jugar donde otros han perdido.
Llámame aprvovechado, pero vivo como dios.
Y fue en una de esas, investigando, que encontré una mina de oro repleta que nadie había tocado en años.
Te hablo de un anuncio que lo tiene todo para transformar las ventas de cualquiera.
Y te hablo de él en el newsletter.
Solo te digo que cuando lo haga vas a entender a la perfección a qué me refiero cuando hablo de los espabilados.
Si quieres saberlo, te apuntas ahí: