Disfruta del domingo o lee este email, solo puedes elegir una.

El verano pasado me apunté a tu mentoría, decidido a aprender a vender…

Me ha costado horrores derribar yoqueséqué mierda mental…

Este mes hice… XXX

Hoy he llamado para… XXX

Acabo de recibir no el 50% sinó el 100% del precio pactado, 5000 + IVA…

Luis, GRACIAS. En mi vida había vendido una mierda.

Sigue metiendo caña, por favor.

Tengo buenas noticias para Marti, el autor de ese testimonio no solicitado, porque en el newsletter meto mucha caña.

Acabaré con un aroma que impregna cada mensaje que veo.

En emails y webs, llamadas y reuniones, en videoconferencias y también en presentaciones en público.

Hablo del olor a extremento, porque es el aroma que dejan los cagados pusilánimes cobardes.

Errores que están por todos los sitios y proyectan inseguridad. Y provocan lloros en el director de tu sucursal. Y frases de mierda en los labios de tus clientes potenciales:

  • «Mándame un email y lo miramos»
  • «Lo veo con mi socio y te digo algo»
  • «Estamos contentos con lo que tenemos»
  • «Te tendremos en cuenta en el futuro»

Si esas frases te resultan familiares, El newsletter va a escocerte como limón en las heridas. Pero va a curar, joder si va a curar.

Y verás que estás dejando esas caquitas de rata por todos los rincones. Y verás cómo dejar de hacerlo.

Pero no te atreverás a cambiar. Y para eso te daré una reflexión que te hará decir, «Joder, no me voy de aquí hasta que no haga XXX.»

Y como no lo hagas te sentirás muy culpable. Y una losa de 100 kilos pesará sobre tu cabeza cada maldita hora, cada maldito minuto. E incluso si te daba mucho miedo actuar lo acabarás haciendo porque esa losa será más pesada que el mayor de los miedos.

¿Y sabes lo que pasará entonces?

Que me escribirás y me darás las gracias.

Y ahora hay más de uno sin fuerzas para invertir un centavo en sí mismo que piensa que exagero.

Y otros muchos que en unas horas descubrirán si de verdad lo hago.

Te apuntas aquí: