El otro día me cayó mucho hate por una entrevista en la que digo que no contrato vendedores que necesiten que les motiven.
Y que se vinieran motivados de casa.
Y que si necesitas motivación que te vayas a una de esas multinacionales en las que te tratan como un niño y te dan pegatinas de colores con caritas sonrientes.
En definitiva, que si necesitas motivación, que conmigo no.
Y entonces hubo gritos y lloros y mucha ecoansiedad. Y pude ver a adultos con pelos en la entrepierna dando vueltas en círculos mientras sorbían baba.
Te contaré un secreto…
Si te vieras en medio de la jungla, en pelotas y con el estómago vacío…
Te aseguro, te prometo, te garantizo… que saldrías adelante. Tu sistema nervioso se activaría y empezarías a andar y comerías ratas y te limpiarías el culo con hortigas.
Necesitar motivación es un lujo que solo aflora cuando vives en el país feliz de la casa de gominola de la calle de la piruleta.
Te contaré otro secreto…
Si necesitas cocaína para divertirte o cafeína para despertarte o alguien que te motive…
Tu vida no depende de ti.
Si quieres sentirte un adulto, si quieres ser autosuficiente, si quieres decir que eres libre, es decir, si verdaderamente queires dependeder de ti, necesitas dos cosas:
- La primera, desprenderte de deseos infantiles de que tu jefe o tu cliente o la sociedad o el monstruo de las galletas te arropen por la noche, te den un beso en la frente y te despierten con la música de los pitufos.
- La segunda, un repertorio de recursos que te permitan crear valor de la nada con la única herramienta que son tus manos y tu cabeza.
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