Lo gratis es cáncer

Odio lo gratis. Lo odio. Lo odio con todas mis fuerzas. Lo odio, lo odio, lo odio.

Y no hablo de dar gratis, hablo de recibir, los favores profesionales. El «No tiene importancia» o el «¿Cómo te voy a cobrar por eso?» cuando no hay motivo para ello.

Entiéndeme, no soy gilipollas. Si un idiota intenta cobrarme tres veces lo que vale algo le arranco las piernas. Lo que me repatea es el valor sin contrapartida. Por dos motivos:

  • Primero porque me genera una deuda, y una deuda ocupa mucho más espacio en la cabeza que un coste.
  • Segundo, porque el placer por lo gratis es mentira, un espejismo. No iré al gimnasio de 20 €, ni haré el curso de 9,99 €, ni respetaré al dentista con primera consulta gratuita.

Ouch.Ya puedo oir a los dentistas aprentando las mandíbulas. Idea: dentista, en lugar de escribirme para contarme un cuento chino mejor sécate las lágrimas.

Los menús del día sientan mal y con las apps de fitness se consigue menos volumen que con un entrenador personal. No me preguntes por qué, pero es así. No tengo pruebas y tampoco las necesito.

Y a los que alguna vez, tras ver un precio, han dicho «¿Quién sería tan tonto para pagar esto?», les respondo:

Miles. Millones. Porque mantenerse lejos de quienes hacen esas preguntas es la más rentable de las inversiones.

Cada día envío un email con un nuevo truco para vender más y venderte mejor.

Día que estás fuera, truco que te pierdes para siempre.

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