Hay algo que me ha costado muchas discusiones.
Verás, el aburrimiento es uno de los motores del mundo y yo no me aburro y eso es un problema.
Satisface el aburrimiento de la gente y tendrás una legión de seguidores dispuestos a tirarte su dinero a la cara durante el resto de sus vidas.
Dales un propósito, una inquietud, un interés… y se acabaron las oficinas.
Una casa con suficientes metros como para poder andar sin chocar con sus hijos… y se acabaron las horas extra.
Una pareja con inteligencia suficiente como para llevar una conversación… y se acabaron los desplazamientos a la otra punta de la ciudad.
No más reuniones innecesarias, no más informes que nadie leerá. Se acabó documentarlo todo y las máquinas de café. Ir al supermercado en persona y a Benidorm en agosto. Los netflix y los menús degustación.
Acaba con el aburrimiento y todo eso morirá.
Acaba con el aburrimiento de un número suficiente de personas y transformarás el mundo.
Y ese es mi problema.
Hay demasiadas cosas que me interesan y eso me ha provocado broncas con inversores, con socios y con empleados. También con clientes, uf, muchos clientes.
«¿Reunión?» No.
«¿Cómo que no?» Pues como que no.
«¿Propuesta?» Tampoco.
Tengo mejores cosas que hacer. Por eso, mensajes que empiezan con «¿Puedo hacerte una pregunta?». Borrados.
«¿Cómo estás?» Bloqueado.
«Hola Luis.» Extraditado.
Me perdiste. No quiero tener esa conversación, negociar ese precio o saber cuántos dientes de leche les quedan a tus hijos.
Yo soy más de «Es esto, lo tomas o lo dejas.»
Y ante un «¿Cómo?», respsonder «Siguiente.»
Quizás te agobie esa forma de ser. Lo respeto.
Pero da dinero, mucho dinero. Respeta tú eso.
Mucho dinero en poco tiempo. Entiendo si para ti eso es una putada. He conocido a muchos como tú.
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