Tengo una venta injusta incopiable

engo una ventaja injusta.

Que soy exageradamente atractivo, pero esa ya la sabías. Pero hay más, verás…

Un suscriptor me informa de que su amigo piensa que soy un idealista. Que lo que cuento está bien, pero es idealista.

Lo de que se puede vivir muy bien sin ser un esclavo. Bonito pero fantasioso.

Curioso.

Me lo dicen ahora y me lo decían cuando empecé. Antes era imposible y ahora cuestión de suerte. Piensa en la ironía de eso.

Es raro, no me digas que no.

Un tipo dice que lo va a hacer, le dicen que no, que no hay manera, y cuando lo hace que sí pero que aún así que no. Tú eres tú. Una gran casualidad. Una broma del destino.

Yo por si acaso, por si a alguien le sirve, el lunes contaré la forma en la que se podría decir que financié mi negocio durante los primeros años.

Un dinero que está ahí, a disposición de cualquiera y que parece que nadie quiere.

A mí me parecía obvio.

Hasta contraté recepcionistas, expertas en atender llamadas, y me sacaba de mis casillas.

Me desquiciaba ver el dinero que se le escurría entre los dedos cada vez que sonaba el teléfono.

Así que les dije «Quieta, quieta, quieta» y luego «Que ya lo hago yo», y antes de ponerme a hacerlo «Atiende.»

Y luego escribí un guion. Y un manual de cómo ponerlo en práctica.

Y booom.

Resultados.

Pero chico, soy un idealista. Y la puta suerte, que siempre me encuentra de pura casualidad.

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