Quizás hayas visto una publicación antigua en mi instagram en la que aparezco hablando con Albert Rivera.
Quizás hayas visto otra publicación en la que muestro el comentario de un tipo al que ese hecho le parece una afrenta imperdonable.
Y también quizás hayas visto el vídeo en el que destruyo la última neurona que le quedaba a ese tipo.
Si me conoces sabes que no estuve allí riéndole las gracias, que mi problema es que me digan cómo tengo que vivir, el color de la bandera de quienes lo hacen me trae sin cuidado.
Eso no impide que piense que Albert es un tipo inteligente (lo mismo pienso de Pablo Iglesias, por cierto).
En aquella conversación Rivera dejó caer muchas joyas. Tantas que daría para varios emails, pero me voy a centrar en una, a mi parecer la mejor, que pasó desapercibida.
«La vida solo se vive una vez, no puedes estar siempre calentando banquillo.»
Ahí la tienes, la clave.
La clave para que llegue el día en el que te despiertes con una sonrisa y no puedas hacer nada para disimularla.
Porque no sé si lo sabías, pero no estás esperando a nadie. Y nadie te espera a ti. No hay ningún ojeador que te vaya a sacar a jugar con los mayores.
O un coach que te vaya a empujar a cambiar de curro, de producto, a subir los precios o a llamar a un cliente más grande del que jamás has trabajado.
A lanzarte a por la persona que te gusta, mudarte de país o hacer esa jugada que tanto tiempo llevas pensando.
Nadie te tiene que dar paso, es ahora o nunca.
Hablo en la vida real. Obviamente ya sé que en tu crebro primero tienen que suceder un millón de cosas, cosas estúpidas y prescindibles.
Cada día envío un email con un nuevo truco de ventas. Día que estás fuera, email que te pierdes para siempre: