El otro día estuve cenando con un gran gurú de los negocios. Un tipo relativamente conocido. De esos que venden cursos en los que cuentan cómo ganaron su primer millón.
(De pistachos).
Me dio algunos consejos para multiplicar mi facturación:
- Que contratara una inteligencia artificial.
- Y clonara mi voz.
- Que hiciera traducciones automáticas.
- Y que me sustituya por alguien que haga lo que hago.
- Que necesito un equipo de soporte.
- Y alguien que haga el on-boarding. On-boarrrrdinnng. Que según la traducción automática es abordaje, pero en realidad se trata de dar la bienvenida y enseñar a usar lo que sea que vendes. Llamada, videollamada y tutorial.
Entonces pensé en una frase de Warren Buffet:
«Prefiero multiplicar por 3 que por pi.»
Y antes de decírsela, me acordé de lo que añade de su socio, Charlie Munger:
«Es algo tan obvio, pero poca gente parece entenderlo, y piensan “Si hago lo mismo pero le agrego tres capas de dificultad llegaré más lejos. No. Irás más lento.»
Y preferí no decirle nada, de que si piensas que la complejidad es una ventaja cada día te sentirás más pesado. Y un día te aplastará y morirás. Y entonces dirás:
- Mi cliente es diferente.
- Tú eres tú.
- Es carisma.
- Es suerte.
- Mientes en lo que dices.
Cree lo que quieras, pero esto es así:
- Email rápido.
- Simple.
- Sin pensar.
- Sin equipo.
- Con faltas.
- Y feo. Pero que vaya a funcionar.
Así lo hago yo, y te lo cuento.
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