Pensé que estaban en la ruina. Me equivocaba.

Nunca he probado una bebida energética.

Tampoco he probado el café. Ni cuando estudiaba, simplemente no lo entiendo.

Ni un red bull, ni un burn, ni ninguna de esas otras con nombres pensados por niños de 7 años y recipientes diseñados por el departamento de compras.

Cero.

De hecho pensaba que todas esas empresas estaban al borde de la ruina y el único motivo por el que no paraban de promocionarse era porque habían entrado en el círculo idiotizante.

El círculo idiotizante es cuando inviertes como loco en algo solo porque lo hacen tus competidores con la esperanza de que algún día aquello sea realmente usado.

Ya sabes, como la inteligencia artificial.

Pero por lo visto me equivocaba. La gente no para de tragar esas mierdas.

Y por eso les gano.

Por eso soy más productivo que prácticamente cualquier persona que conozco.

Por eso me levanto con ganas de matar cada día.

Por eso reparto hostias desda primera hora, hago 200 flexiones y escribo un email que escuece.

Porque no pierdo el tiempo con muletas para flojos.

Por cómo miro, por cómo percibo lo que miro y por cómo interpreto lo que percibo.

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