No pierdas el tiempo con gente que haga esto

—¿Se puede fumar?

—No.

—¿Y de quien es esa colilla?

—Del que no ha preguntado.

No puedo con tibios. Con los a medias. Con los que sí, pero que no.

Los que piden permiso.

Con los perdón, disculpa, ¿te puedo preguntar algo?

Pregunta, cojones.

Así que no trabajo con tibios. Es mi gran filtro.

Los que no se deciden y los que cambian de fecha mil veces. Los que escriben para preguntar si pueden llamar. A estos los bloqueo.

Los que empiezan con «puedo», a los de «podría» los extradité hace tiempo.

Es para no molestar. Bien, pues a tope con eso. Formad un club. Los que se molestan y los que no quieren molestar, que yo me quedo con los que hacen cosas. Y los que hacemos cosas no perdemos el tiempo con sentimientos. Los tenemos, no seas ingenuo, pero no dejamos que interrumpan nuestro camino.

Y a los de las adivinanzas. Si te contará lo que hago con los de las adivinanzas. Incluye a los de las historias a medias, los sin contexto y los que piensan que lo conoces todo.

Los que empiezan y se desvían. Los de las palabras raras. Los que se comunican en prosa y los que me escriben intentando emular el estilo de este mismo newsletter.

Los que piden y los que ponen a prueba.

Así que, como te decía, este es el criterio. Todos esos, extraditados.

Es rápido y certero.

¿Sabes comunicar lo que quieres? Vamos.

¿No? Dejémoslo.

Porque lo más probable es que tu comunicación no sea el único aspecto en el que la falta de claridad y de determinación dirijan la orquesta.

No es nada personal, es que soy un egoísta y el tiempo lo quiero para mí. Para hacer muchas cosas con la gente que hace cosas mientras el resto se preguntan si pueden hacer cosas.

Para eso.

Y oye, no me ha ido mal.

Te cuento exactamente cuánto de bien y cuánto de mal en el newsletter: