un insulto:
Eres un cobarde.
Ayer me di cuenta de que si hoy llamaba a miles de personas cobardes tendría razón –estadísticamente hablando–.
El problema con la lección del lunes es que no la pondrás en práctica, hasta sé lo que dirás:
No me quiero exponer.
– ¿Vender? Sí.
– ¿Ganar dinero? También.
– ¿Aparecer ante millones de personas? Uf. No.
Vender en secreto, el concepto.
Hay peores formas de cobaría:
«Estoy contento con lo que tengo.»
Si has dicho eso alguna vez hazte un favor y retírate que te corresponde paga.
Pero si lo vas a intentar, hasta el fondo.
Frío, calor, hambre o sueño. Hasta el fondo.
E insultos. Sobre todo insultos.
Hasta el fondo.
Si sigues leyendo y todavía no has pedido la paga ya estás dentro. Eres vendedor o empresario y no hay marcha atrás.
Calla la puta boca, eres parte del club, y aquí no se puede llorar. Ya es tarde para dar marcha atrás, así que a joderse.
Haber elegido muerte.
No importa lo que hagas ni cuánto hagas si no te sientes incómodo. Si no duele.
No importa nada, no le importas a nadie.
El lunes te contaré cómo apliqué un método probado para conseguir que un vídeo sea visto por millones de reproducciones en redes sociales.
El método es infalible, pero el que lo tiene que aplicar a menudo se caga.
Y por eso funciona tan bien.
Una campaña de cientos de miles de euros, sin gastar un duro.
¿Te parece demasiado? ¿No necesitas tanto?
Eso pensaba.