Última vez que permito que alguien me escriba esto

Llevo 3 mails escritos. 3 en 3 días. Me ha costado arrancar pero una vez me he puesto ha sido más sencillo de lo que pensaba…

Lo jodido será la constancia…

Objetivo: 365 mails seguidos…

Mal.

(Esas líneas las escribió un suscriptor.)

Mal.

Mal, mal, mal.

No.

Nooooo…

Objetivo, mal. 365 mails seguidos, peor.

Te cuento el truco definitivo para acabar lo que empiezas, crear hábitos y saborear los frutos de la perseverancia:

  1. Decide
  2. Haz

Es mi método secreto.

Y aquí estoy, más de 500 emails después. En el lugar exacto en el que dije que estaría.

¿Por qué?

Porque no me puse un objetivo.

Porque ponerse un objetivo significa que puede no cumplirse. Porque las cosas seguras no necesitan objetivos.

Por eso, cuando me propongo algo siempre se cumple.

Siempre, siempre, siempre.

Porque –y quédate con esto– no negocio conmigo mismo.

Jamás.

Cuando algo depende únicamente de ti, también dejar de hacerlo depende únicamente de ti.

Y si no negocias contigo mismo, entonces, simplemente lo haces. Ni cansancio, ni sueño, ni falta de inspiración. Las excusas surgen, pero no las escucho, mucho menos las contesto, ni de coña las satisfago. Y cuando actúas así, los objetivos, los de verdad, los de pasta, simplemente salen.

Tu web, tus emails o lo que vas diciendo por ahí.

Y que hagas una cosa.

Una cosa secreta.

Y entonces aparecerán ante ti un montón de ideas que multiplicarán el atractivo de cualquier mensaje que hayas dicho o escrito a lo largo de tu vida.

Blasfermarás preguntándote cómo no te lo dijo nadie antes: