Mis 3 situaciones más humillantes como vendedor.

La grima es real, y mucho.

Me escribe mucha gente diciendo que tras leerme han descubierto que lo hacen todo mal. Suelo contestar diciendo que yo lo he hecho peor.

Alguno pensará que digo eso para hacerle sentir bien. Para demostrar que lo que digo es cierto, te voy a contar las situaciones más humillantes que he vivido como vendedor.

Por brevedad he excluido las cientos de horas dedicadas a propuestas faraónicas que clientes con o sin dinero nunca leyeron, los meses de seguimiento a no-decisores que andaban detrás de proyectos que nunca habían comentando con sus jefes, la participación no remunerada en licitaciones preasignadas, atascos y viajes para llegar a reuniones que el cliente había olvidado y pernoctaciones en salas de espera.

3er puesto: videollamada presencial

Tras que un cliente que quería que nos reuniéramos rechazara hacerlo por videollamada, me desplacé a sus oficinas para encontrarme con que dicho cliente no había podido acudir y tener que verle, por videollamada, desde allí.

Esto me ha ocurrido dos veces con dos clientes diferentes.

Nunca me quejé.

2º puesto: ¡pelea!

Tras recibir una petición de presupuesto de alguien que decía estar muy descontento con su proveedor actual, me desplacé a su oficina para mantener una reunión.

Además del cliente también se encontraba allí su proveedor actual.

El cliente me pidió que le explicará a su proveedor todo lo que estaba haciendo mal. En lugar de irme y enviar al cliente una factura por el tiempo perdido, procedí con su petición. Todo gratis, claro.

Nunca me contrató y aquella conversación no fue bonita.

1er puesto: catálogo de conejos

Cuando vendía sitios web, un cliente me dijo que, además de empresario, era fotógrafo amateur, y me insistió en que mantuviéramos una reunión en la que me enseñaría su obra. Según él, eso le ayudaría a transmitirme qué es lo que quería conseguir.

Le expliqué que no era innecesario porque no trabajaríamos en el diseño hasta que aceptara el presupuesto, pero como yo era un blandengue hambriento, tras su segunda insistencia, acepté.

Al llegar allí me enseñó un álbum con cientos de fotografías tomadas por él.

Las fotografías eran de vulvas.

De vulvas humanas, por si había dudas.

Cientos, te digo.

Este tampoco me contrató.

Estas cosas ya no me pasan porque el 99 % todas las oportunidades que me llegan ahora son de calidad. Esto no lo digo en broma ni es una exageración.

Lo he conseguido perfeccionando miles de detalles de mi comunicación a lo largo de los años hasta alcanzar un mensaje que ahuyenta a locos y despistados y que, en caso de que se cuele alguno, me permite identificarlo y descartarlo en 5 minutos.

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